Los Heraldos Negros en la voz de Che Guevara

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Ha sido publicado un audio inédito del Che Guevara recitando el poema “Los Heraldos Negros”, del poeta peruano César Vallejo. Este audio, extracto del documental “Che, un hombre nuevo”, ha sido entregado por el ejercito boliviano que fusiló al Che, dice la nota del video. El documental, dirigido por Tristán Bauer, ve la luz luego de doce años de investigaciones del director argentino sobre el líder de la revolución cubana. Documentación íntima, entre escritos, grabaciones y narraciones literarias, han sido entregadas por primera vez por la esposa del Che, Aleida March y sus hijos. “Fue muy emotivo escuchar la voz del Che Guevara recitando a César Vallejo en un mensaje de despedida a mi madre antes de marcharse al Congo en 1965… Yo tenía tres años, no tengo registro de esa despedida” – Declaraciones de Camilo Guevara, hijo del legendario revolucionario, para AFP.

Fuente: https://fb.watch/3ZdHaAHjHC/
1 febrero 2021

 

Como homenaje a “Amazonas”.
A 100 AÑOS DE LA EXCARCELACIÓN DE CÉSAR VALLEJO
Este 26 de febrero se conmemora el centenario del excarcelamiento de César Vallejo. Fue acusado por Carlos Santa María como autor intelectual del incendio de su tienda comercial, ubicada en Santiago de Chuco. Necesario es indicar que ambos eran vecinos, y los enfrentamientos políticos los mantenía siempre en una constante rivalidad. Santa María protegía y defendía sus intereses económicos, y para ello requería del apoyo político de los gobernantes de turno; mientras que el poeta defendía los intereses del pueblo.
En 1920, Santiago de Chuco se vio envuelto en una pugna política entre los partidarios del pardismo y los defensores del leguiísmo. Santa María, que se encontraba en el primer grupo político, no aceptó a las nuevas autoridades santiaguinas, y tramó con los representantes de la policía nacional asesinarlos a cómo de lugar. El 1 de agosto se desató un suceso violento nunca antes visto en Santiago de Chuco: los policías asesinaron a un distinguido poblador, mientras que las autoridades y un pueblo levantado en armas acabaron con la vida de varios policías. El jefe policial logró escapar y se escondió en la casa de Santa María. Luego de constatarse de que no se encontraba en dicho lugar (se fugó en dirección a Humachuco), algunos pobladores incendiaron la tienda comercial.
Entonces, Carlos Santa María denunció a todas las autoridades santiaguinas y a César Vallejo como responsables del incendio y solicitó el pago de una alta suma de dinero por los daños ocasionados. A pesar de que los representantes del Poder Judicial iniciaron las investigaciones más por el caso del levantamiento de la policía en contra de las autoridades civiles y por la muerte de un ciudadano; pronto se nombró a otros representantes de dicho poder del Estado, pero esta vez el objetivo más bien fue defender los intereses de Santa María.
Enterado Vallejo de la acusación que le hizo su vecino y rival político, ingresó a la clandestinidad y se refugió en la casa de Antenor Orrego, ubicada en la zona rural de Mansiche, en Trujillo. Como todo poeta autobiográfico, escribió los siguientes versos de Trilce XXII: “Es posible me persigan hasta cuatro / magistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro. / ¡Cuatro humanidades justas juntas!”.
El 6 de noviembre fue detenido en la casa del doctor Andrés Ciudad, ubicada en el centro de Trujillo, a donde acudió a buscar un asesoramiento legal para defenderse de las acusaciones que pesaban sobre él. En el momento de su captura lucía una cabellera y una barba sumamente crecida, y fue llevado inmediatamente tras los fríos barrotes de la cárcel.
Después de una larga batalla legal, en la que él mismo asumió en un inicio su propia defensa debido a que había estudiado jurisprudencia en la universidad trujillana, y gracias al apoyo solidario de los intelectuales de diferentes partes del país, fue liberado el 26 de febrero de 1921. Las investigaciones actuales indican que fue inocente de los cargos que se le imputaron. No obstante, él sufrió hasta lo indecible durante los 112 días que duró su encierro. Allí escribió Trilce XVIII, un poema que leyó ante sus amigos con lágrimas en su rostro.
TRILCE XVIII
Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.
Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.
Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!
Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.
Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.
Esta triste experiencia marcó por siempre su trajinada existencia, al punto que en París escribió: “El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú”
Puede ser una imagen de una o varias personas, al aire libre y texto

Fuente:  (6) Facebook

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